viernes, 11 de diciembre de 2009


Crónicas de mi deseo: TUS BESOS; TUS CARICIAS.

Primero estuvieron tus caricias; suaves, tenues, dulces. El solo roce de tu piel con la mía despierta, en lo más hondo, mis instintos, aquellos que llevaban ya demasiado tiempo adormecidos.
Un escalofrío general recorre cada uno de mis poros, y un deseo irrefrenable me embarga, nublando mis sentidos, luchando con mi mente.
Día tras día es una eterna guerra; tu tacto y mi razón [Despiertas mi parte más salvaje... ¿sabes hace cuánto tiempo lleva oculta esa parte? Adormecida, hundida en el sopor, dejada en el olvido... y tú... la has revivido, la has sacado a la superficie. A flor de piel, ¿qué hago ahora? No sabes cuánto te lo agradezco; creía que me había vuelto incapaz de sentir].
Los segundos se me hacen eternos, y la batalla se vuelve encarnizada cada vez que tus dedos rozan la piel de mi brazo. Me giro y veo tus ojos [esos ojos, los mismos con los que sueño dormir cada noche, los mismos con los que ansío despertar], y una tímida sonrisa quiere escapar por la comisura de tus apetecibles labios. [¿y ahora qué hago? dímelo tú... ¿qué hago? ¿Me dejo vencer... o me controlo?] Mi mente poco a poco va buscando la manera de mitigar estos impulsos, y recurre a la imaginación. ¿Y si tuviera un mando para parar el mundo, para que nadie vea, ni oiga? Mejor, para que todos desaparezcan y estemos solos tú y yo. Y poder besarte hasta quedarme sin aliento, abrazarte hasta romperte los huesos, acariciarte hasta llagarme las manos. ¿Y si tan solo pudiese hacerte entender que muero por tenerte? y si tan solo...
Las palabras del profesor o del orador de turno, las risas, las burlas, los pensamientos, las caras, y facciones de todos van disolviéndose en la lejanía... [he conseguido calmarme; ahora estás sólo tú] hasta finalmente desaparecer.
Suena el timbre y yo me muero un poco más [otra hora a tu lado, tan cerca... y a la vez, tan lejos]. El sonido de las manecillas el reloj se clava como una aguda punzada en mi corazón. Mis manos se sienten oxidadas, eternas, sin ti. Necesito sentirte cerca, sentirte aquí.

Y ahora, sin avisar, vienen tus besos, aparecen de repente en el cuadro, como dibujados por la mano de un artista, pincelada tras pincelada; cálidos, húmedos, placenteros... y una vez dibujada la base, va agregando los matices; juguetones, ingeniosos, inocentes, perversos, pacíficos, excitantes, tenues, apasionados... De diferentes colores, sabores, texturas, tamaños. A veces dulces, a veces salados.
Pero, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Cuando las dos cosas se combinan: tus besos y tus caricias. Es entonces cuando descubro mi nirvana personal.

Tus manos me envuelven delicadamente, tanteando el territorio; mi cintura, mis piernas, mis brazos, mi rostro, mi cuello, mis labios... tu boca se aproxima a la mía poco a poco [lo suficientemente lento para que ponga cara de idiota consumida por el deseo] y finalmente tus labios rozan los míos. Lo que sucede después es inefable [he desvelado el secreto del séptimo cielo].
Tus labios se pasean por mi cuello, dejando su huella. Tu cálida lengua acaricia mi salada piel [no puedo más] y tus dientes se hunden suavemente en mi nuca [¿hace falta mencionar que cada milímetro de mi piel se me pone de gallina?]. Y por si fuera poco, sigues subiendo, besando lentamente mi mandíbula, hasta llegar a mi oreja, donde me susurras palabras con sabor a miel. Recorres mi barbilla y besas mis ansiosos labios, que exhalan deseo.
Tus manos, bien acomodadas en mi pelo, sólo ayudan a mi sensación de absoluta calma [de absoluto éxtasis]. Y ¿con qué comparo tus suspiros? ¿tus respiraciones en mi cuello? ¿el palpitar acelerado de tu corazón cuando apoyo mi oreja en tu pecho? El cielo es insuficiente. Es más, es un término basto y vulgar.
Eres... eres todo lo que puedo desear [y más].
Eres mi adicción personal.


Espero que de esta manera entiendas al menos un poquito de todo lo que me haces sentir.

domingo, 6 de diciembre de 2009


El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente
Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse.
El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento.
Es el deseo de desear.


Crónicas de mi deseo: TUS ABRAZOS.


Tus brazos siempre encuentran su lugar en el espacio que se les ofrece entre mi cintura y mi espalda. Tu cabeza en mi cuello y la mía sobre tu hombro. Como si hubiésemos sido diseñados para encajar perfectamente en esa posición. Y poco a poco, voy sintiendo tu respiración en mi nuca, y sin poder evitarlo, se me pone la piel de gallina, mientras un sinfín de imágenes recorren mi mente en el lapso de dos segundos. [Cómo explicarte que tengo que hacer uso de hasta la última gota de mi autocontrol cada vez que te me acercas] Siento el sonido de tus palpitaciones, fusionarse con las mías, aunque nuestros corazones estén separados por huesos, músculos... sentimientos.
Y tu olor me va envolviendo y me va enloqueciendo. Obnubila todos mis sentidos, y me quedo en los instintos. Y mi razón se multiplica por cero y se anula todo concepto de raciocinio. Porque cuando estoy así contigo se me hace imposible pensar.
Tus brazos me estrechan y cierro los ojos imitando tu acción. [Quisiera poder decirte tantas cosas en este momento... decírtelas, pero sin palabras. Mejor dicho; hacértelas entender] Hasta que abro los ojos, me separo de ti, y vuelvo a la realidad. Pero aún no termina, porque siempre estás ahí. Y con cada tacto, con cada susurro, con cada mirada, hasta la última fibra de mi ser desea solo una cosa: tenerte conmigo otra vez.


[we're hand in hand, chest to chest and now we're face to face...]

...

Silencio.

...

Hace frío, un poco más que ayer por la noche, aunque parece ser una noche cualquiera, sin nada en especial.
Estos días son raros, sigo vacía de sentimiento.
Aunque en realidad, tampoco he pretendido sentir nada.

Cuando conseguí que toda esa mierda que tenía dentro de mí se fuera, era eso exactamente lo que sentía, lo mismo que esta noche al estar asomada en esta ventana.
Frío, vacío...
No se a dónde quiero llegar exactamente, pero no me preocupa.
Tampoco me apetece lanzarme a pensar, ni a soñar ahora, porque afirmo, que aún no soy tan fuerte y se que terminaría en un lugar donde no debo estar, porque nadie me ha guardado un sitio.

Si fuerzas un poco la vista, desde aquí mismo se puede ver la catedral...ahí está...
Barcelona está tan iluminada como cualquier noche de verano, como cualquier fin de semana.
En miles de ricones, en estos momentos hay risas, llantos, abrazos, empujones, besos, miradas, sentimientos...personas. Hay vida.

Recuerdo, como siempre, pero esta vez no siento nostalgia.
No me duele, ni me jode porque se que en el fondo no siento lo que sentía.
Una de tantas noches en las que negaste algo para volver a reafirmarlo, para contradecirte a ti mismo con la mirada o con un beso.
Solo por sentir que yo seguía ahí, luchando en vano.
O porque sentias algo, a lo que tenias miedo a enfrentarte.



Texto original de: http://siesmiotromundo.blogspot.com/

sábado, 5 de diciembre de 2009

»Te diría las mismas palabras de ayer, te besaría como la primera vez, sí todo lo haría por ti, ya ves, pues mi amor es el mismo aunque crezca cada vez.

Yo pondría el mundo entero a tus pies, cada noche las estrellas en una caja las escondería, sí, para que todo sea tuyo, para que el brillo de tus ojos sea de la noche el único orgullo.

Pero cómo salir de la rutina, dejar todas mis tonterías de niña ingenua? Cómo darte una verdadera sorpresa atada a la realidad de esta vida? Quisiera siempre tener una nueva promesa, que sientas más amor en cada nueva caricia, que mires en mis ojos con esa bella sonrisa y sepas que jamás vi un mejor color en la vida, jamás vi un cielo así y jamás veré a nadie con los ojos que te veo a ti.

Si supieras lo que pienso, si supieras lo que siento, quisiera que mis palabras no se las llevara el viento y que cada noche en tus sueños recuerdes la fantasía de mi amor sincero, y que cada día en tu sendero me lleves de la mano, como a maleta o esfero, pues con la tinta de mi corazón te escribo hoy estos versos.

Quisiera escribirte algo nuevo, tal vez de derecha a izquierda o utilizar el alfabeto griego, quisiera nunca cansarte ni causarte sueño, pues tú amor mío, eres la fantasía que me quita el sueño.

Pero cómo salir de la rutina, dejar todas mis tonterías de niña ingenua? Cómo darte una verdadera sorpresa atada a la realidad de esta vida? Quisiera siempre tener una nueva promesa, que sientas más amor en cada nueva caricia, que mires en mis ojos con esa bella sonrisa y sepas que jamás vi un mejor color en la vida, jamás vi un cielo así y Jamás veré a nadie con los ojos que te veo a ti.

Así pasen los años, yo te amo sólo a ti, a ti, a ti…. Te amo sólo a ti.



- Karina Benalcázar.